Pasamos la vida intentando controlar todo: lo que sucede, a las personas que amamos, el futuro, incluso lo que sentimos. Y qué difícil se vuelve cuando la vida no responde a nuestros planes. Pero hoy quiero recordarte algo importante: la vida no está hecha para ser controlada, sino para ser vivida.
No todos los días son iguales. Hay días de sol y días de lluvia. Días en los que te sientes fuerte y días en los que apenas puedes levantarte. Y todo eso está bien. La vida no es estabilidad constante, es movimiento, cambio y aprendizaje continuo.
A veces creemos que tener más nos hará más felices, y otras veces descubrimos que quienes parecen tenerlo todo también cargan batallas invisibles. Cada persona vive su propio proceso, y compararte solo te aleja de tu verdadero camino.
Cuando la realidad no coincide con lo que imaginabas, no es un fracaso: es una invitación a crecer. Incluso cuando no lo entiendes, todo lo que ocurre tiene un propósito. Tal vez hoy no puedas verlo, pero el tiempo se encargará de mostrártelo.
Mira hacia atrás. Todo lo que superaste te hizo más fuerte. Cada caída te enseñó algo. Cada momento difícil despertó una versión de ti que no sabías que existía. No eres la misma persona que eras antes, y eso es una prueba de tu crecimiento.
Si hoy sientes que no puedes más, detente. Respira profundo tres veces. Siente tus pies en el suelo, tu cuerpo presente, tu corazón latiendo. Estás aquí. Sigues de pie. Y eso ya es una victoria.
Recuerda: eres único ,única. Eres importante. Estás aquí porque la vida te necesita tal como eres. Has superado más de lo que imaginas y tienes más fuerza de la que crees.
Confía en tu proceso. Confía en el camino. Aun en medio de la incertidumbre, estás avanzando.
Y no lo olvides: lo mejor de tu historia aún está por escribirse.
Feliz fin de semana
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